
No estamos hechos de lógica, sino de una energía antigua e indomable. Estamos hechos de un amor
salvaje: una fuerza cruda y valiente que conecta nuestras almas con el pulso del universo. Como una
tormenta o la marea que cambia, este amor es infinito e incontrolable, demostrando que nuestra verdadera
naturaleza se encuentra en la hermosa naturaleza salvaje del corazón.